εїз My soul is painted like the wings of butterfly. Fairytales of yesterday will grow but never die. I can fly, my friends. εїз
lunes, 24 de marzo de 2008
Los hijos del setenta
Ahí están. Hacen periodismo, teatro, cine, investigación de ciencias, enseñan en universidades y escuelas, se instalan en el mundo convencidos de que esperan que se parezca más a sus sueños algún día. Sus padres sufrieron desapariciones y exilios, fueron asesinados o lesionados gravemente, se dipersaron por el mundo llevando unas espigas en los bolsos de viaje, algunos alfajores en las valijas, ponchos negros, rojos, blancos, fotos de familia y de amigos entrañables.
Ellos mismos, víctimas de exilios exteriores e interiores, cantaron canciones patrias de otras tierras que no le significaban nada, fueron a colegios en los cuales tuvieron que callar lo que les producía el sufrimiento y en los cuales los trataron como extranjeros, descubrieron precozmente la exclusión y aprendieron que la solidaridad es un ejercicio cotidiano sin el cual la supervivencia se hace imposible. Y sin embargo allí están: testimonio de las fuerzas y las reservas morales de una generación que se negó a su destitución y lo sostuvo no sólo a fuerza de reminiscencias sino de proyectos. De una generación a la cual injustamente se la acusó de deificar la muerte, cuando estos hijos dan cuenta del profundo anhelo de vida que la agitó.
Muchos de ellos fueron despojados de su identidad y arrojados al vacío de sentido de una existencia construida contra las razones de su propio nacimiento: engendrados para sostener con vida la esperanza, como un acto extremo de afirmación y persistencia; la expropiación los desnudó de las envolturas simbólicas, de las frases y palabras, de los nombres y destinos que sus padres soñaron. Rescatados no sólo por el amor de la familia sino por la convicción de gran parte de la sociedad que había asistido a la infamia más brutal de la historia argentina en el siglo XX, fueron sus abuelas quienes lograron no sólo su recuperación sino generar en el conjunto de la sociedad de la convicción de que no se trataba de un asunto privado, de un "derecho de familia", sino de una garantía necesaria para poder consolidar a las futuras generaciones sobre asentamientos más justos y seguros.
Cuando cada uno de estos niños recupera una identidad expropiada, se convierte en una paradigma de la sociedad toda: sólo el retorno a nuestros padres fundacionales, después de tanto apropiador que nos despojó de raíces y proyectos de origen, puede reparar nuestro exilio de más de un siglo de un país que no nos permitió su apropiación.
Las derrotas no se pueden medir por las batallas perdidas sino por la propuesta para las generaciones siguientes. La derrota es mucho más que un reconocimiento de los límites de la lucha. Es la renuncia definitiva a nuevas batallas, la despedida de todo aquello por lo que
se ha peleado. Conlleva, incluso, la renegación de los objetivos sostenidos. Los derrotados se arrepienten no sólo de sus propias acciones sino incluso de aquello que los motivó a realizarlas. En ésto consiste la derrota, porque se puede revisar el camino recorrido y los abismos a los cuales uno se asomó sin por ello renunciar a seguir caminando.
El golpe del 76 no derrotó a una generación: la masacró, la expulsó de la patria, la encarceló y torturó, y brutalmente pretendió arrancarle no sólo sus proyectos políticos sino sus sueños e ideales: tornarla cínica, despojada de carácter, acomodaticia con las circunstancias, reducida a lo posible. Se le propuso a cada argentino llevar hasta el extremo el individualismo de salvarse solo, el terror de ser dañado no por los represores sino por los amigos que estaban en riesgo, ya que su propio destio podía alcanzar como onda expansiva a quienes los rodeaban. También se les ofreció a cambio de la moral un bono para canjear justicia por chatarra comprada con el uno a uno: un ser humano por una videocasetera, la educación por el shopping, un torturado por un viaje a Diseny, la vista gorda por unas vacaciones en el Caribe... Esta fue la herencia moral que pretendieron dejar los dictadores de los 70.
Y sin embargo, en estos chicos que siguen negándose a concebir al otro como un enemigo, que escriben y hacen música, estudian y enseñan, se juntan en los recitales de rock y cantan a voz en cuello, crispados o irónicos La argentinidad al palo para levantarse al día siguiente y trabajar, cambiar los pañales de sus hijos, buscar la supervivencia cotidiana, rastrear en la historia para entender, una vez más, quienes son, de donde vienen, por qué nos pasó lo que nos pasó, como levantarnos de nuestros propios abismos... En estos chicos la derrota se arrincona, expulsada cada vez más por los límites extraterritoriales de los fantasmas colectivos y no de las acciones diurnas que la demienten.
Por eso los hijos de 70 nos conmueven: son como una parte de nosotros mismo que nacieron, ya, atravesados por una experiencia que los hace desplegar lo posible sin renunciar a lo anhelado. Maduros desde chiquitos, obligados a ser responsables desde siempre, atravesados por la historia, tratando de apropiarse de ella, va a la búsqueda de los sueños de las generaciones anteriores. Y como Sebastián, el "nieto 82" recuperado, cuando abraza a sus abuelos y los consuela por tanto tiempo perdido, saben que para ellos el tiempo por delante se tiñe de sabores y olores anhelados, aún sin imágenes ni nombre.
Espero TODOS podamos decir NUNCA MÁS.
Fuente: Revista "Caras y Caretas", marzo de2006
El Terror y La Vida: Historia de la Dictadura Militar
La muerte de Perón dejó sin control al conjunto de fuerzas que habían coexistido
ministro de Acción Social y secretario privado de Además del entorno presidencial, el otro factor de poder en el seno del gobierno era el
Hacia mediados de 1975, el conjunto de acuerdos que Perón había articulado y que habían
Un golpe anunciado
Masera-Videla-AgostiEl golpe de 1966 había originado un gobierno sostenido, en última instancia, por las Fuerzas Armadas; en 1976 el gobierno fue ejercido en forma directa y en todos sus niveles por las Fuerzas Armadas. Como señaló el nuevo presidente, el general Jorge R. Videla, el 25 de mayo de 1976:
“Las Fuerzas Armadas no fueron escuchadas. Como consecuencia de ello y previendo la inexorabilidad de la crisis, se prepararon para hacer frente a esta situación y las Fuerzas Armadas, como institución, dieron una respuesta institucional a una crisis también institucional.”
El gobierno militar se propuso transformar de raíz la sociedad argentina. No se trataba simplemente de corregir una política económica, de derrotar a la guerrilla o de resolver una crisis institucional. Para ello hubieran bastado algunos cambios dentro de la legalidad constitucional. Lo que para
Esta “reorganización” tuvo expresiones concretas: represión política y social, desarticulación de las bases de la economía industrial y ejercicio autoritario del poder. Finalmente, culminó con la derrota militar en
La represión ilegal —que tuvo su apogeo entre 1976 y 1978— fue uno de los rasgos básicos del
Las modalidades clandestinas de la represión incluyeron el secuestro y la detención en centros clandestinos —se verificó la existencia de más de trescientos—, la tortura y, en la mayoría de los casos, la ejecución.
A pesar de su pretensión de homogeneidad y firmeza, el gobierno militar estuvo atravesado desde sus orígenes por profundas divisiones internas, derivadas en buena medida de la particular traducción a la acción que adquirió la decisión de asumir institucionalmente el gobierno. El principio general que aseguró la participación de las tres fuerzas en el gobierno fue la distribución de la administración pública en todos sus niveles y modalidades —nacional, provincial, municipal, empresas del Estado, universidades— en partes iguales. Cada fuerza, o más precisamente, el cuerpo de oficiales de cada fuerza, se quedó con una tercera parte de los cargos públicos. Esta decisión -que revelaba la índole de las relaciones entre las fuerzas, caracterizadas por una profunda desconfianza— marcó también una diferencia entre el gobierno del “Proceso” y las anteriores intervenciones militares, que contaron con mayor peso de funcionarios civiles en la administración pública.
Entre 1976 y 1981, la gran mayoría de los altos cargos de la administración pública estuvo en manos de oficiales de las Fuerzas Armadas. Esto perjudicó el funcionamiento del Estado, fundamentalmente porque cada funcionario pasó a depender de dos jefes: su superior jerárquico en el escalafón de la administración pública y su superior militar. Esta doble dependencia contribuyó a fragmentar el Estado en múltiples unidades que gozaban de una autonomía de hecho, con los previsibles efectos de corrupción. Además, el mismo ordenamiento institucional y jurídico del gobierno del “Proceso” se caracterizó por su incoherencia y arbitrariedad. Como lo puso en evidencia la acción represiva, el gobierno militar no cumplió con las leyes que él mismo había dictado.
Estado legal, Estado Clandestino
“El Estado se vio afectado de forma más profunda aún. El llamado Proceso de Reorganización Nacional supuso la coexistencia de un Estado terrorista clandestino, encargado de la represión, y otro visible, sujeto a normas, establecidas por las propias autoridades revolucionarias pero que sometían sus acciones a una cierta juridicidad. En la práctica, esta distinción no se mantuvo, y el Estado ilegal fue corroyendo y corrompiendo al conj unto de las instituciones del Estado y a su misma organización jurídica.
La primera cuestión oscura era dónde residía realmente el poder, pues pese a que la tradición política del país era fuertemente presidencialista, y a que la unidad de mando fue siempre uno de los principios de
La economía durante el gobierno militar
La política económica del gobierno militar fue decidida y ejecutada durante cinco años por
En un primer momento, el gobierno militar tomó una serie de medidas de estabilización —que contaron con el apoyo del Fon-do Monetario Internacional y la banca privada extranjera— para controlar la inflación, reducir el déficit fiscal y equilibrar el sector externo. Se devaluó la moneda, se redujo el déficit del sector público —en buena parte congelando los salarios— y se consiguió financiamiento externo. La política económica tuvo un sesgo fuertemente antiobrero: se suspendió el derecho de huelga y se redujo la participación de los asalariados en el PBI (producto bruto interno).
Una vez controlada la crisis abierta con el Rodrigazo, el equipo económico definió y llevó adelante dos medidas principales: la apertura de la economía y la liberalización de los mercados financieros.
La apertura de la economía era la apertura del mercado interno a la competencia exterior —no la promoción de la exportación de la producción nacional—. El instrumento principal de esta política fue la reducción de los aranceles de importación. Posteriormente, la sobrevaluación del peso se sumo a esta medida, lo que comprometió seriamente la actividad productiva —afectada además por las altas tasas de interés—.
La liberalización del mercado financiero se llevó a cabo con la liberación de la tasa de interés y la autorización para el funcionamiento de nuevos bancos e instituciones financieras. Sin embargo el Estado, que renunciaba a los controles, garantizaba los depósitos a plazo fijo tomados por entidades financieras privadas.
En 1978 el gobierno militar estableció una pauta cambiarla —conocida popularmente como la “tablita”— que determinaba una devaluación mensual del peso. Esta devaluación era decreciente y tendía a cero. El objetivo declarado de esta medida era controlar la inflación. Este objetivo no se alcanzó. En cambio, lo que se fomentó fue una fuerte especulación con una gran masa de dinero colocada a corto plazo —favorecida por la abundancia de dólares en el mercado internacional— basada en la existencia de altas tasas de interés y la garantía del Estado sobre el precio de recompra de los dólares.
Algunas palabras y frases de uso habitual en la época —“plata dulce”, ‘bicicleta”,‘deme dos"— dan cuenta de las características de un período de prosperidad artificial y de especulación financiera.
La euforia financiera contrastaba con el comportamiento del sector productivo, apremiado por el endeudamiento. El sector industrial, en particular, sufrió una profunda mutación, que incluyó una caída en su producción, una disminución de la mano de obra ocupada y el cierre de numerosas plantas.
El esquema de Martínez de Hoz estalló en 1980, de la mano de la quiebra de importantes entidades financieras —entre ellas uno de los mayores bancos privados— y el Estado terminó haciéndose cargo de los pasivos de los bancos quebrados.
El Campeonato Mundial de Futbol de 1978 se celebró en Argentina y contó con el decidido apoyo de la dictadura militar.
En 1981, el general Viola reemplazó en la presidencia a Videla, y Martínez de Hoz también fue reemplazado. En ese año, el descalabro económico llegó al extremo. El gobierno dispuso una devaluación del peso del 400%, al tiempo que la inflación llegaba al 100% anual. Esta devaluación tomó impagables las deudas en dólares de las empresas privadas. El Estado nacionalizó las deudas, lo que acrecentó el endeudamiento público.
A pesar de su carácter liberal, la política económica de Martínez de Hoz incluyó una expansión considerable del papel del Estado en la esfera económica. Esto se debió en parte a la decisión de la cúpula militar de mantener en la órbita estatal a las empresas públicas —cuyos directorios, por otro lado, fueron ocupados por militares—. Además, durante este período creció la inversión pública. Muchas obras públicas fueron ejecutadas por contratistas privados y algunas empresas del Estado privatizaron parte de sus actividades —lo que se llamó “privatización periférica”—. En este último caso se incluyó la subcontratación de tareas de búsqueda y explotación petrolera y de tareas de reparación de materiales y mantenimiento de vías en los ferrocarriles, la provisión de equipos telefónicos, la recolección de residuos y el mantenimiento del alumbrado público en la ciudad de Buenos Aires. Alrededor de estas actividades se fue configurando un poderoso grupo de empresas contratistas del Estado.
Otras áreas de crecimiento del gasto público fueron la estatización de empresas privadas en dificultades —como
En 1978, el conflicto limítrofe con Chile por la zona del canal Beagle estuvo a punto de desencadenar una guerra. Las Fuerzas Armadas fueron reequipadas con vistas al enfrentamiento y movilizaron tropas hacia la frontera. La guerra se impidió por la mediación del Papa Juan Pablo II.
Entre la apertura y la guerra
El estallido del programa económico coincidió con el cambio de presidente. El débil ganador en la puja interna de la cúpula militar fue el general Roberto Viola, designado presidente por
Este intento de encontrar nuevas bases de apoyo para el régimen militar fracasó. En el terreno político, la apertura fue recibida con frialdad por las principales fuerzas políticas, que dudaban de la representatividad de Viola dentro de las Fuerzas Arma-das y, por consiguiente, de la viabilidad de su política. En julio de 1981, se constituyó
Justicialista, Intransigente, Demócrata Cristiano y el Movimiento de Integración y Desarrollo—, con la finalidad de ofrecer un bloque político unificado “tendiente a recuperar la vigencia de las instituciones democráticas y a ofrecer al país, coyunturalmente, una propuesta de solución ante la emergencia nacional”.
Sin embargo, la oposición decisiva al proyecto de Viola provino del frente interno militar. Esta oposición se manifestó como un conflicto de poderes entre
Galtieri intentó restablecer la imagen de autoridad del gobierno militar y retomar la orientación liberal de la política económica, que quedó en manos de un nuevo ministro de Economía, Roberto Alemann (foto izquierda). Endureció las relaciones con los partidos políticos y con el sindicalismo, que por su parte endurecieron también su oposición. Una masiva concentración promovida por
Tres días más tarde, el régimen militar —que en 1978 había llevado al país al borde de la guerra con Chile, evitada por la mediación del Papa— inició su última etapa, con la ocupación militar de las islas Malvinas.
El 2 de abril de 1982 el gobierno ocupó por la fuerza las islas Malvinas. La ocupación, si bien se originó en una decisión tomada en secreto por unas pocas personas y sin calibrar adecuadamente sus posibles consecuencias militares y políticas, contó con un amplio respaldo popular.
El gobierno imaginó que la recuperación de las Malvinas iba a resolver sus problemas políticos, en un momento en que el rumbo de la experiencia militar se veía comprometido. Al principio, eso pareció posible. Pero el gobierno había subestimado la respuesta de Gran Bretaña y creyó además que los Estados Unidos —cuyo principal aliado era precisamente Gran Bretaña— apoyarían la acción argentina.
La reacción británica —en buena medida motivada por razones de política interna— fue dura.
El gobierno militar decidió controlar estrictamente la difusión de noticias acerca de la evolución política y militar del conflicto, y creó un clima triunfalista que no se correspondía con el curso real de los acontecimientos.

Dadas las condiciones militares del conflicto y el control de la información por parte del gobierno, la derrota militar fue a la vez inevitable e inesperada. Una de sus consecuencias principales fue la descomposición inmediata del gobierno militar. Galtieri renunció,
Fuentes tomadas: Historia Argentina Luchilo-Romano-Paz
viernes, 21 de marzo de 2008
El Otoño

Ya el sol, Platero, empieza a sentir pereza de salir de sus sábanas, y los labradores madrugan más que él. Es verdad que está desnudo y hace fresco.
¡Cómo sopla el Norte! Mira, por el suelo, las ramitas caídas; es el viento tan agudo, tan derecho, que están todas paralelas, apuntadas al Sur.
El arado va, como una tosca arma de guerra, a la labor alegre de la paz, Platero; y en la ancha senda húmeda, los árboles amarillos, seguros de verdecer, aumbran, a un lado y otro, vivamente, como suaves hogueras de oro claro, nuestro rápido caminar.
Platero y Yo- Juan Ramón Jiménez
martes, 18 de marzo de 2008
¡Felíz Cumple, Adrián!
Bueno, nos conocemos hace muy poquito tiempo pero, de todos modos, ya me caés muy bien :)Creo que sos un chico muy bueno y atento, y eso te hace diferente de los demás.
Aunque no sepamos mucho el uno del otro, estoy segura de que puedo confiar en vos, y que no quepa duda de que vos podés hacer lo mismo, Ok?
Recién ayer me enteré de que hoy es tu cumple, y justamente hoy, 18 de marzo, siendo que te esperaba ansiosa en el colegio para saludarte, no fuiste :S... pero bueno, pronto te veré y entonces te saludaré deseándote un Felíz, felíz cumpleaños!!!..
Mientras tanto, y hasta que eso suceda, lo hago vía internet!
¡FELICIDADES, ADRIÁN!... me da mucho gusto haberte conocido :)
Carla, "la salada" :P
miércoles, 12 de marzo de 2008
La Biblia llora sobre el calefón

La historia de la TV en Argentina tiene ciclos que fueron un quiebre en su manera de llegar al público. En más de cinco décadas, muchos de esos programas se convirtieron en clásicos y, sin duda alguna, el que encabezó Jorge Guinzburg en 1986, “La Noticia rebelde”, fue uno de ellos.
En horario central, de 19.00 a 20:00, todos los días, por la fría pantalla de ATC, Guinzburg junto a sus socios ideales, Carlos Abrevaya, Adolfo Castello, Jorge Becerra y un juvenil Nicolás Repetto, rompieron con los esquemas de las informaciones diarias hasta ese momento.
Ese programa marcó el hito de contar las noticias desde una mirada de humor irreverente, a veces ácido, y fue una verdadera revolución para la televisión de los años ochenta.
Los picantes reportajes que hacía junto a su socio en la historieta “Diógenes y el Linyera” –Abrevaya—son hoy todavía momentos irrepetibles en la televisión, y el “pasando revista” y las notas en la calle con preguntas con doble sentido un modelo de humor que aún en el presente se usan con mucha efectividad.
Luego de ese momento, llegó la separación del grupo, que incluyó peleas entre algunos de sus socios, e independiente buscó crear su propio camino con el humor en las huestes de canal 13.
Tras la ruptura de “La Noticia Rebelde”, hizo en 1988 “Penúltimo Momento”, un “programa de futuro incierto” y que apenas duró seis meses por el viejo Canal 2.
En 1989 hizo un ciclo con poca suerte junto a Castello y ya en 1990, comenzó “Peor es Nada” con un humor irreverente, difícil de entender en los primeros tramos del ciclo, que compartió con Horacio Fontava y el músico Leo Masliah.
Fue a partir de 1992, ya solo con el “negro” Fontova y con la estructura de personajes, imitaciones y reportajes atrevidos –con la típica pregunta “¿cómo fue la primera vez?— que “Peor es Nada” se convirtió en un éxito en la ya privatizada señal del barrio de Constitución.
Cuatro años de programas le permitió escribir otros, producir algunos más y llegar a uno de sus grandes éxitos como fue “la Biblia y el Calefón”, que se vio por primera vez en 1997 en América.
En el nuevo milenio, sin dejar de escribir, ser periodista con notas destacadas en “Clarín”, Guinzburg llegó a la pantalla caliente de Telefé con dos programas de preguntas y respuestas que se llamó el “Legado” y que por supuesto fue otro éxito.
Sin dudas, cuando 2005 le propusieron hacerse cargo de la mañana de canal 13, el periodista supo que estaba ante su mayor apuesta profesional: convertir el segmento más pobre de la programación de la televisión nacional en un atractivo más.
Y, a base de buen periodismo, mucho humor y la calidez que siempre supo llevar adelante desde su llegada a la pantalla chica, lo logró. “Mañanas Informales” arrasó con todos los premios de la industria en los tres años que fue al aire, y además tuvo la impronta de armar un elenco homogéneo, sin su figura como atracción.
Así, Federica País, Gustavo Recondo, el recordado Mario Mazzone Osvaldo Bazán y el payaso “Mala Onda” convirtieron a las mañanas televisas en una quermese muy divertida.
El segmento horario se transformó desde ese momento en una atracción para los televidentes y generó la competencia de todos los canales que ahora tiene programación desde las 7.00 de la mañana hasta el mediodía con altos índices de rating.
Este año había retomado el viejo éxito de “la Biblia y el Calefón”, con nuevos invitados y el eterno humor de “primera clase” y rapidez mental que caracterizó a Guinzburg.
Por su parte, en la señal de cable “Encuentro” realizó en el último año un documental recorriendo parte de América, donde demostró sus cualidades periodísticas y de narrador de historias.
El hombre que hace menos de un año se afeitó su emblemático bigote en cámara para pagar una apuesta con un compañero, el que con su metro 58 se vestía de “El Zorro” en Peor es Nada o se transformaba en “el pastor evangélico centroamericano”, dejó una huella imborrable, como los grandes.
Hoy la tele lo comenzará a extrañar. Y si ve que se empaña la pantalla de su TV, entiéndala, debe estar llorando de tristeza.
sábado, 8 de marzo de 2008
Felíz día, MUJER!

en medio de mi albedrío,
como las aguas de un río
inundaban la sábana.
He visto en horas tempranas,
el sol al amanecer.
Y he visto con gran placer
como se asoma la luna.
Pero no he visto belleza alguna
como la belleza de la mujer.
Yo he visto el agua de un río
desbordarse en la llanura,
y llegar hasta la altura
del techo de mi bohío.
Yo he visto el lado sombrío
del campo al oscurecer.
Yo he sentido el padecer
de un fuego devorador,
cuando me quemó el ardor
del beso de una mujer.
Yo he visto en una palmera
como el sinsonte se inspira
y a una preciosa guajira
al pie de una talanquera.
He visto una enredadera
sobre la cerca crecer.
He visto el agua caer
de lo alto a la cascada.
Pero nunca he visto nada
más bello que una mujer.
Yo que por el mundo he andado
y que de todo he tenido,
mucho también he sufrido
al saberme despreciado.
Mucho amé... y fui amado,
sé lo grande de un querer.
Yo sé ganar y perder,
sé de lo alegre y lo triste.
Y sé del dulzor que existe
en un beso de mujer.
Yo he visto caer un rayo
en el copo de una palma
y entusiasmarse mi alma
con el cantido de un gallo.
He visto en el mes de Mayo
las flores, reverdecer.
He visto un árbol crecer,
con el pasar de los días,
y troncharse mi alegría
con llanto de una mujer.
La vida... Oh! que fantasía
que de las penas se adueña.
Y es como echarle mas leña
al horno de la agonía.
Pero yo, en realidad diría
¿qué más grato puede ser?
Que saborear el placer
cuando de un amor sincero
escuchamos el "TE QUIERO"
DE LABIOS DE UNA MUJER.
miércoles, 5 de marzo de 2008
Y... si no me tienen fe
El nombre de la risa...Hoy, 5 de marzo de 2008, todos los argentinos (y gran parte del mundo) recordamos el 20° aniversario de fallecimiento de un GRANDE del humor: Alberto "el negro" Olmedo.
Yo lo conocí como la mayoría de ustedes: por televisión, ya que mis padres son buenos seguidores de este "personaje" y, a dos década de su desaparición física, siguen recordándolo con afecto (como TODO el país).
Debido a mi falta de interés y/o conocimiento de los grandes humoristas pertenecientes a la época de mis padres y abuelos, no sé mucho sobre él... pero puedo asegurarles, mis queridos lectores, que "el negro" hacía una dupla perfecta con el Gordo Porcel... jejeje.. si me habré reído! ;)
Por ello, decidí interiorizarme un poco más en la materia, y deseo compartir con ustedes aquello que me pareció más relevante sobre éste rosarino nacido en el barrio de Pichincha.
Desde los 6 años, Alberto Olmedo tuvo la necesidad de trabajar: fue ayudante de verdulero y de carnicero, cadete de farmacia y repartidor de panadería.
Entre estas duras tareas, la escuela, y la inevitable ayuda en la casa a su madre soltera, no había tiempo para soñar con ser actor.
Pero a los 14 años comienza a trabajar como claque del teatro la Comedia de Rosario.
El Negro se acerca así al teatro por el escalón más marginal: el del público contratado, que en esa época tenían todos los teatros importantes. Su misión era iniciar los aplausos cuando la platea se mostraba indiferente.
Olmedo se siente fascinado por ese nuevo universo, tan lejos de su realidad concreta, y comienza a presentarse en clubes y otros escenarios interpretando imitaciones de artistas de moda como Lola Flores o Miguel de Molina, pequeños papeles en comedias, números acrobáticos y de baile.
A los veinte años y fogueado en Rosario y giras por el interior, ahorra quinientos pesos y se muda a Buenos Aires.
Está decidido a vivir del espectáculo. Y consigue, casi de casualidad, un oficio nuevo: director de cámaras en el todavía reciente canal 7.
En una cena de camaradería de fin de año, frente a sus compañeros y los directivos del canal, Olmedo, encuentra finalmente su destino.
Se pone a improvisar monólogos y números humoristicos con tal eficacia que a los pocos días comienza a trabajar en programas como “La Trouppe de la TV”, “La Revista de Jean Cartier”, “Sonrisas y Melodías”, “Medianoche en Buenos Aires”, “Joe Bazooka”.
La televisión de la época era en vivo, y tal vez de esas urgencias y ese trabajar en el filo de la navaja, Olmedo sacó su estilo de improvisación, de no ocultar los errores, sino de hacerlos evidentes.

En 1959 con la ayuda de su amigo Coco Ortiz presenta en Canal 9 un personaje infantil: El Capitán Piluso. La repercusión es inmediata.
Fue Piluso el protagonista de uno de los primeros hechos masivos en los que la televisión se trascendió a si misma: la pelea con Karadagián, el Desafío del Siglo.
En noviembre de 1960 Piluso llegó en helicóptero al Luna Park. 3000 personas habían quedado afuera.
El país entero habló al día siguiente del combate. Del triunfo de Piluso. Y de la caravana que, encabezada por los dos oponentes, recorrió luego la ciudad recogiendo juguetes para repartir entre los niños pobres.
Olmedo ya era una figura nacional. Tenía 27 años. Los niños y no tan niños que siguieron paso a paso la caravana no sabían que ésa era la primera de las muchas alegrías que les daría el Negro a lo largo de sus vidas.
En 1964 es contratado por Hugo y Gerardo Sofovich que estaban produciendo un nuevo proyecto para Canal 11: Operación Ja Ja.
El programa tiene un elenco integrado por algunos de los mejores cómicos de la historia argentina: Marcos Zucker, María Rosa Fugazot, Javier Portales, Carlos Scazziotta, Fidel Pintos, Juan Carlos Altavista, Jorge Porcel.
En 1968 inventa otro de los personajes que han pasado a pertenecer por derecho propio a la memoria colectiva de los argentinos: Rucucu.

Fue con Rucucu que Olmedo depuró algo que ya venía haciendo y que se convertiría en un sello de su comicidad: la puesta en evidencia de los errores y las miserias del medio. Olmedo no dejaba pasar un error de cámara, un furcio de un actor, sus propios olvidos de la letra, las escenografías gastadas o los vestuarios apolillados.
Todo era material para la risa. Y en la complicidad con el espectador, al mostrar a la televisión como algo humano y desprovisto de misterio y glamour es, tal vez, el secreto de la fidelidad de su público.
A medida que avanza la década del '70 Olmedo comienza a participar regularmente en películas y obras de teatro. Estas dos actividades se desarrollarían en forma paralela a la televisión hasta hasta el final de su carrera.
Cuando en 1988 los argentinos se enteraron de la muerte de Alberto Olmedo, pocos creyeron la noticia. Pensaban que se trataba de una broma del negro. Es que en 1976 para la apertura de la nueva temporada de “El Chupete” un locutor con voz pausada anunció: “en este horario y por este canal debería salir al aire hoy el primer programa del ciclo El Chupete. Infortunadamente eso no será posible debido a la desgraciada circunstancia de que su protagonista, Alberto Olmedo, ha desaparecido.”
Durante 3 años Olmedo y gran parte de los productores actores y guionistas del ciclo tuvieron prohibida la entrada a los canales de televisión.
Fueron tres años de cine y teatro de revistas. Hasta su retorno con “Olmedo 78″, y ya no habría más interrupciones en su carrera televisiva.
En 1981 comienza “No toca botón” en Canal 11 con guiones de Hugo Sofovich, ciclo que duraría hasta el año de su muerte y en el que Olmedo tuvo sus mejores momentos televisivos.
No toca Botón duró 7 años en el aire.

- Allí nacieron personajes como Chiquito Reyes, el dictador de Costa Pobre, el pitufo, el Manosanta, Rogelio Roldán.
- Allí Olmedo quemó el traje de Rucucu ante cámaras, enojado porque en otro programa lo imitaban.
- Allí convirtió el chivo publicitario en otro recurso para hacer reir.
- Allí Olmedo fue Borges junto a su amigo Javier Portales.
El éxito era masivo e indiscutible. Todo un país paraba para mirarse en el
espejo al mismo tiempo descarnado y querible que Olmedo ofrecía en cada sketch, en cada personaje.Por primera vez la crítica comienza a reparar en él y aparecen los primeros ensayos serios sobre la comicidad de Olmedo que se multiplicarían luego de su muerte.
Hacia 1988 sus películas y temporadas de teatro eran éxito de taquilla, comenzaba a tener un reconocimiento por parte de los medios “serios”, que aunque no había buscado, no dejaba de darle satisfacciones. Acababa de terminar su última película: Atracción Peculiar y estaba preparando los nuevos sketchs de la próxima temporada de No Toca Botón.
En Mar del Plata, donde su obra “Eramos tan pobres” había sido un éxito, encontró la muerte de una manera absurda.
Estaba en el momento más alto de su carrera. Y todo parecía anunciar que lo que tenía para dar era mejor, más arriesgado, llevando los límites todavía más allá.
Filmografía completa de Alberto Olmedo:
(del más al menos reciente)
- Atracción peculiar (1988)
- Galería del terror (1987)
- El manosanta está cargado (1987) Alberto Capeletti / El "Manosanta"
- Susana quiere, el negro también! (1987) Aristóbulo Rey
- Los colimbas al ataque (1987)
- Rambito y Rambón, primera misión (1986)
- Los colimbas se divierten (1986)
- Miráme la palomita (1985)
- Sálvese quien pueda (1984)
- Los reyes del sablazo (1984)
- Los extraterrestres (1983)
- Los fierecillos se divierten (1983)
- Los fierecillos indomables (1982)
- Amante para dos (1981)
- Las mujeres son cosa de guapos (1981)
- Te rompo el rating (1981)
- Departamento compartido (1980)
- A los cirujanos se les va la mano (1980)
- Así no hay cama que aguante (1980)
- El rey de los exhortos (1979) Dr. Alberto Benavidez
- Expertos en pinchazos (1979)
- Custodio de señoras (1979)
- Encuentros muy cercanos con señoras de cualquier tipo (1978)
- Mi mujer no es mi señora (1978)
- Fotógrafo de señoras (1978)
- Las turistas quieren guerra (1977)
- Basta de mujeres (1977)
- Los hombres sólo piensan en eso (1976)
- Maridos en vacaciones (1975) Alberto
- Mi novia el... (1975)
- Hay que romper la rutina (1974)
- Los doctores las prefieren desnudas (1973)
- Los caballeros de la cama redonda (1973)
- El hombre del año (1970)
- Los debutantes en el amor (1969)
- Villa Cariño está que arde (1968)
- Flor de piolas (1967)
- Escándalo en la familia (1967)
- El glotón (inconclusa - 1967)
- Hotel alojamiento (1966)
- Viaje de una noche de verano (1965)
- Dos quijotes sobre ruedas (1964)
- Ritmo nuevo, vieja ola (1964)
- La herencia (1964) Vendedor de ataúdes
- Las aventuras del Capitán Piluso (En el castillo del terror) (1963) Capitán Piluso
- Barcos de papel (1963)
- Una jaula no tiene secretos (1962)
- Gringalet (1959)
Y un toque de risa...