viernes, 18 de abril de 2008

Give me a reason for live in this moment

"Y finalmente todo sucede. Para bien o para mal, pero sucede. Mi perfecto estado de armonía se desmoronó en menos de dos minutos, y terminó por desintegrarse en dos días. Días que me carcomieron el cerebro y destrozaron el corazón. Días de angustia, días de mierda.

Es increíble como una persona puede convertirse en una de tus amistades más profundas y verdaderas (aunque sólo vos lo creas) en poco tiempo. En días, acaso. Y del mimso modo que llegó a tu vida, hoy se va.

Soy una estúpida, lo sé. Debí haberlo conocido antes; dirigirle unas palabras, al menos,... porque las oportunidades siempre me acompañaron...

A veces me detesto, a veces me quiero, y entonces vuelvo a odiarme.

Necesito descargarme, hablar, que me escuchen, que me entiendan. Sobre todo que me entiendan, aunque nada puedan hacer, aunque nada puedan pensar. Aunque no conozcan los motivos exactos de mi angustia, pero que me comprendan.

Constantemente sueño en encontrarlo, en escribirle, que me escriba, que me llame. Pero temo que ésto no llegará a más (amistad, valga la aclaración), aunque yo lo reviva en mi mente y le hable siempre; aunque él me recuerde, a veces.

Es amor, quizá. Pero una amor sano, amor de amigos, amor de hermanos. Y es la bronca, la impotencia y la tristeza del momento, las que hacen que mi pluma no deje de danzar al compás de un renglón sin onda, como mi vida, en este momento."

By: Carlita.-


miércoles, 16 de abril de 2008

I'm so tired...


"La Enfermedad [...] es la hija predilecta de la Muerte; y la más inteligente de sus hijas, aunque sea también la más callada, delgada y pálida. Cuando la Muerte quiere llevarse consigo a una persona cualquiera del mundo, recurre a los descarrilamientos, naufragios, choques de automóviles y, en general, a las muertes por sorpresa.

Pero cuando las personas elegidas por la Muerte son personas muy desconfiadas, que se quedan encerradas en casa, entonces la Muerte envía a su hija más callada e inteligente, y la Enfermedad entonces abre despacio la puerta y entra.
[...]

[...] la Enfermedad entraba al caer la tarde, sin que nadie la viera. Dejaba el sombrero y los guantes sobre el velador , se soltaba el pelo y se acostaba al lado de Divina, manteniéndose abrazada a ella. La Enfermedad se agravaba y, entonces, tenía fiebre y delirio. A las ocho de la mañana, la Enfermedad se levantaba, se peinaba otra vez y se retiraba. Al atardecer, volvía de nuevo; y nadie la veía entrar y salir.

*Anexo: "Cuentos y relatos" - Horacio Quiroga.


lunes, 14 de abril de 2008


"Si hay algo que he aprendido es que la piedad es más inteligente que el odio; que la misericordia es preferible aún a la justicia misma; que si uno va por el mundo con una mirada amistosa, uno hace buenos amigos. "

(Philip Gibbs).-

Gracias por recordarme eso, Nancy.
Muchas veces lo olvido, pero gracias a Dios hay gente como vos que me lo recuerda. =)

Eso... me hizo felíz!

domingo, 6 de abril de 2008

Letra y Música

Anoche vi la película "Letra y música" (”Music and Lyrics”), una comedia romántica interpretada por Drew Barrymore y Hugh Grant y, sin temor a equivocarme, puedo asegurar que es una de las mejores películas que he visto hasta ahora (sólo una, ¿eh?).

Son muy atrapantes cada uno de los momentos en que Sophie (Barrymore) y Alex (Grant)se juntan para escribir la canción "Way back into love" y, es más apasionante aún, el momento en que ambos la cantan :)

Sinceramente es muy buena. Tengo toda clase de crítica constructiva para con ella. Quizá porque es realmente buena, quizá porque me hace recordar mucho a alguien.

En fin... ¡mírenla!. Es lo más, pero lo más de lo máximo.

Addio!

P/D: He aquí el surgimiento de una nueva 'Tags.'






way back into love - hugh grant feat. drew barrymore

miércoles, 2 de abril de 2008

La guerra de los dictadores

La de Malvinas no fue una gesta, como decía la dictadura que la impulsó. Fue, más bien, el último, disparatado y asesino recurso para perpetuarse en el poder. El pueblo argentino, hoy, se debe un debate.

Esa guerra era maldita no sólo porque toda la guerra lo es. Lo era porque la dictadura, entonces liderada por el alcohólico general Leopoldo Galtieri, buscó prolongar el reino de la noche en el cuerpo de una generación de jóvenes esclavos, como eran los conscriptos obligados y sometidos al orden militar directo. Lo era porque se hurgó en los sentimientos más activos y ancestrales del nacionalimso para involucrar a los argentinos en esa aventura que les costaría, primero, cientos de hijos en las heladas aguas del Sur, pero además los marcaría con una vergüenza y una culpa que deberían trajinar por generaciones.

La verdadera razón de la guerra de Galtieri y sus generales era la perpetuación de la dictadura. No había más que la misma razón espuria que la que tuvieron para dar el golpe de 1976:el dinero, el poder. No había posibilidad de gestos anticoloniales en una dictadura que se sometió al poder imperial a partir de 1976 para reducir las condiciones de vida de los argentinos. La dictadura sólo podía organizar matanzas, primero clandestinas, luego abiertas en una declaración de guerra en la que siempre tendríamos la parte del ratón. La guerra de Malvinas fue eso: la continuación de la guerra sucia por otros medios. Y la demostración más palmaria de que el régimen militar agonizaba por razones concurrentes: la primera, que la alianza entre Videla y Martínez de Hoz, que había sido la clave de la dictadura, se había disuelto en marzo de 1981. Lo dejado por los cinco años de gobierno de esta dupla eran 30 mil desaparecidos, miles de presos, miles y miles de exiliados. Habían dejado un ejército fracturado, transformado en una banda de criminales vinculados con negocios sucios, ladrones, estafadores, traficantes. Un ejército que no podía sostener la epopeya de una guerra como la de Malvinas porque ya no era un ejército nacional sino un ejército de jefes terroristas, que mientras exportaban el terror a América latina a través del Plan Cóndor o del Operativo Centroamérica, se enriquecían con el robo a los bienes de los desaparecidos o con el tráfico de drogas y armas para financiar sus operaciones contrarrevolucionarias se alejaban definitivamente del legado sanmartiniano. Era imposible que las fuerzas armadas que sostenían el estado terrorista pudieran liderar alguna gesta patriótica, excepto la de infligir, otra vez, bajo otras formas un daño a los argentinos.

La crisis económica que heredó primero el principal ideólogo y gestador del estado terrorista, general Roberto Viola -alguien en quien una izquierda pacata y desvariada creyó ver a un general democrático- cuando asumió el poder para suceder a Videla, determinó la necesidad del régimen de continuar en el poder prolongando la guerra sucia en otros países, sembrando el know how (saber cómo) del terror más allá de las fronteras. Pero no fue suficiente: acá adentro ya existían las Madres, ya existía una conciencia más plena de que la tablita y el modelo neoliberal de Martínez de Hoz y su generalato, de los grupos económicos que se enriquecieron y engordaron durante la dictadura, habían servido sólo para cerrar fábricas, mortificar el bienestar de la gente, expulsar y secuestrar obreros; vigilar a los artistas e intelectuales; destrozar los vínculos de solidaridad entre los argentinos. Ya existía un agrupamiento de los trabajadores en pequeñas formas de resistencia, solos o con sus sindicatos; ya existía una lenta reanimación de los partidos políticos, que en su mayoría excusaron la cobardía del silencio y la deserción de sus responsabilidades políticas con una creciente oposición al régimen. Ya existía a nivel del mundo capitalista desarrollado una notable conciencia de que los miliatres argentinos eran, por lo menos, los carniceros impresentables del mundo occidental y cristiano. Viola era un general cuyo principal monumento de gloria había sido diseñar la ciudadela represiva: fue el inventor del plan de exterminio y de la geografía de los campos de concentración. Era incapaz de gobernar más allá de ese reino. Su gobierno intentó una apertura política que era una continuación de sus operaciones de inteligencia. La llegada de Galtieri, el Mussolini criollo, se dio sobre esa agonía de régimen. Su poder debía emanar de una fuerza política prestada: ya no tenía su razón de existir en una matanza. Por lo tanto, la guerra fue también ideada como una operación de inteligenica y propaganda interna. Más que para recuperar las Malvinas era para seguir sometiendo a los argentinos. Entonces, el 2 de abril de 1982, unos meses después de asumir, Galtieri inicia la segunda etapa de un nuevo terror. La derrota de la guerra nació de estas entrañas. La suerte del régimen más siniestro de la historia quedó atada en el ancla pesada de sus crímenes y se llevó al fondo del mar los cuerpos de nuestros jóvenes soldados.

Nos queda, ahora, que el sentimiento de vergüenza de los argentinos por haber sido carne de manifestaciones de apoyo a esa guerra, se ventile. No querer verlo es abandonar a los ex- combatientes de Malvinas. Es como si abandonáramos a nuestros desaparecidos. Por eso, ahora le toca al Estado y a la sociedad reparar esa historia. Son los hijos heridos que nos dejó una guerra maldita. Les debemos devolver la PAZ, el BIENESTAR y los HONORES.
Anexo: Caras y Caretas, abril de 2006.